Washington, 15 may (EFEUSA).- Con un pie en el país y otro en El Salvador, Margarita Cruz, una inmigrante en tratamiento contra el cáncer y que reside en Washington, espera ver cumplida la reunificación familiar prometida por el programa de Menores Centroamericanos (CAM, en inglés), suspendido en agosto de 2017 y que una jueza revivió en marzo pasado.
â¨â¨Margarita, cuyo semblante refleja más de sus 36 años, se aferra a la esperanza de abrazar al mayor de sus cuatro hijos, Edwin, a quien dejó al cuidado de sus padres, hace ya 17 años, y por quien ha librado una batalla legal en el país.
â¨â¨"La esperanza que tengo y siento es que esta vez sí que voy a poder ver a mi hijo", dijo esta mujer a Efe, cuyo caso es uno de entre los 2.700 y 3.000 que quedaron en el limbo después de que el presidente Donald Trump decidiera en enero de 2017 dejar de tramitar las solicitudes de reunificación y en agosto acabara con el programa.
â¨â¨El CAM, establecido en 2014 por la Administración de Barack Obama (2009-2017), permitía a personas viviendo de forma legal en el país y con origen en Honduras, El Salvador y Guatemala solicitar permisos para que sus hijos u otros familiares migrasen al país para reunirse con ellos.â¨
â¨Un 3 de mayo del 2016 "vinimos a aplicar" en la organización CASA, que ayuda a migrantes, relató Margarita, con voz pausada tras haber recibido una sesión de quimioterapia.â¨
â¨"Todo el proceso iba bien: mandamos pagar los exámenes de ADN que se hizo mi esposo con mi hijo -quienes nunca se han visto, ya que el primero salió de El Salvador cuando Edwin aún no había nacido-", agregó esta mujer, que recibe tratamiento por un tumor cerebral que en el momento de ser detectado era del "tamaño de una manzana grande".
â¨â¨"Cuando de repente fue que salió en las noticias que el nuevo presidente había cancelado todo eso (...) yo estaba tan emocionada por querer ver a mi hijo y cuando yo me di cuenta de todo eso, que se vino todo, se vino abajo, que todo estaba perdido, sí me sentí bien triste", admitió.â¨
â¨Con tres pequeños de 14, 8 y 3 años nacidos en territorio nacional y el mayor en El Salvador, de donde salió en 2002 agobiada por la pobreza, Margarita se debate entre permanecer en el que ha sido su hogar estos últimos años y donde recibe un tratamiento que, confiesa, no podría tener en su país y el reencuentro con su primogénito.â¨
â¨"Si yo hubiera estado en mi país, yo no estaría viva, porque todo lo que hacen aquí no lo hacen en mí país", reconoció esta mujer, que se dedicaba en El Salvador a la siembra de maíz y frijoles.
â¨â¨Margarita, cuyo travesía hacia el país incluyó seis días de caminata por el desierto y un trayecto en un tráiler escondida junto a 160 personas, ya se ha sometido a cuatro operaciones.
â¨â¨Además, recibe cada miércoles, día que ella misma admite "no quisiera que llegara", el segundo ciclo de seis meses de quimioterapia. Su cuadro lo complican sus niveles de hipertensión.
â¨â¨Pero la esperanza renació para Margarita y centenares de padres después de que la jueza Laurel Beeler fallara el pasado 1 de marzo a favor de quienes demandaron al Gobierno de Trump en una corte federal de San Francisco y ordenara que sus solicitudes sean procesadas.
â¨â¨"Cuando entró Trump de buenas a primeras, de un día para otro, anuló el programa, todos esos muchachos se quedaron con nada más que esos papeles en la mano", explicó a Efe el director de Servicios de la organización latina y proinmigrante CASA, George Escobar, cuyo grupo asiste a Margarita.â¨
â¨Según este experto, el hijo mayor de Margarita había recibido una "aprobación condicional" para venir al país, pero al anularse el programa "perdió la oportunidad".
â¨â¨Escobar no descartó que la decisión de la jueza federal, que el Gobierno decidió no apelar, reabra las posibilidades para estas familias.
â¨â¨"El Gobierno está diciendo que no van a iniciar la reunificación hasta como octubre de este año", señaló el responsable de CASA, quien indicó que aunque ya recibieron el plan de implementación, "hay que esperar un tiempo". EFEUSA
