A los presidentes, expresidentes y hasta a los políticos con un poquito de autoridad no les gusta que los cuestionen. El poder se sube rápido a la cabeza y no se les ocurre que pueden estar equivocados o que alguien los obligue a rendir cuentas. A veces dividen el mundo entre leales y traidores. E inmediatamente piensan en conspiraciones internacionales, en intentos para derrocarlos y en las más alucinantes operaciones tecnológicas para hacerlos ver mal. Pasa en todos lados. Y lo sufren por igual los presidentes de Estados Unidos y México, Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador, que el expresidente boliviano Evo Morales.
La razón de su enojo suelen ser los periodistas independientes. Pero no es nada personal: una de las misiones del periodismo es, justamente, ser un contrapeso al poder.
Gracias a internet y a las redes sociales ya quedan pocos gobiernos sobre la tierra que pueden censurar e imponer sus contenidos sobre la población. Así que cuestionar a los poderosos es lo normal. Más que nunca. Ojalá se vayan acostumbrando.
Esto me recuerda una reciente entrevista a Evo Morales en Ciudad de México. Evo se veía molesto. El periodista de la BBC Âuna gran institución con una bien ganada reputación de integridad y credibilidad lo estaba cuestionando y, claramente, no le gustaban las preguntas: ¿Cómo se define usted en este momento, presidente, expresidente, presidente depuesto, asilado político?, ¿usted reconoce que hubo irregularidades [en las elecciones del 20 de octubre]?Â, ¿usted no cometió ningún error?Â, Âusted ha dicho en el pasado que quien se va de Bolivia es un Âdelincuente confesoÂÂ, ¿por qué no fue a Venezuela en lugar de venir a México?Â, ¿tiene fecha para volver a Bolivia?Â.
Pero, en lugar de contestar las preguntas, Evo decidió criticar y descalificar al periodista, Gerardo Lissardy: ÂNo quiero pensar que usted parece representante de la derecha boliviana [ ] Por más que seas mi enemigo ideológico y político, jamás querría verte muerto [ ] Con usted no es una entrevista, es un debate ideológicoÂ. Y, luego, en un momento surrealista y ridículo, Evo acusó al periodista de estar recibiendo las preguntas por su teléfono celular. ÂTe están dictando para que preguntes. Yo conozco a esa clase de periodistas. Le están dictando qué van a preguntarÂ, le dijo Evo. A lo que Lissardy, sorprendido, tuvo que explicar: ÂNo, nadie me está dictando. Está en modo avión el teléfono. No está conectado con nada. Estas son mis preguntas que tengo escritas aquíÂ. ¿Acaso nunca se le ocurrió a Evo Morales que hay preguntas legítimas sobre sus casi 14 años en el poder? ¿De verdad cree Evo en la absurda idea de que alguien en la BBC de Londres le estaba diciendo qué preguntar a su corresponsal en México con la intención de desprestigiarlo?
Al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, tampoco le gusta que lo cuestionen. Cuando la periodista española, Silvia Chocarro, le preguntó en una de sus conferencias de prensa si se comprometía a Âutilizar un lenguaje que no estigmatice a los periodistas y al periodismoÂ, AMLO contestó que él quería estigmatizar a la corrupción Âno a los periodistas y que siempre actuaba Âcon respeto a todosÂ. (Excepto, claro, cuando llama a los reporteros Âprensa fifíÂ, cuando los acusa de ser conservadores, de buscar lo podrido y de sacar las cosas de contexto.)
ÂLe muerden la mano a quien les quitó el bozalÂ, también dijo AMLO en referencia a los periodistas. Pero el presidente de México parece no entender que hay muchos muertos en el país, que la nuestra es una de las naciones del mundo más peligrosas para ejercer el periodismo, que la nueva titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos fue elegida con serios cuestionamientos y que el trabajo fundamental de los reporteros es obligarlo a rendir cuentas, no apoyar su proyecto de la Âcuarta transformaciónÂ.
Pero, sin duda, el mandatario que tiene la piel más delgada en su trato con los periodistas independientes es Donald Trump. Él ha popularizado el término fake news o noticias falsas y lo aplica a cualquier información o periodista que no le guste. Sus peleas con The New York Times, The Washington Post y CNN, entre muchos otros medios, son épicas. Nunca lo he escuchado disculparse por algo. Suele decir que todo lo que hace es lo más grande, lo mejor y que nunca se ha visto algo similar. Y tiene una autoimagen tan desproporcionada que, en una ocasión, en una de sus frecuentes sesiones públicas para hablar de él mismo, se describió como un Âgenio muy estableÂ.
Alguien así, sin una pizca de humildad ni sentido del humor, nunca va a aceptar que un periodista lo cuestione.
Esto llevó a que Neil Cavuto, uno de los presentadores de la cadena Fox News, le enviara un mensaje al presidente estadounidense después de que este criticara a uno de sus colegas, Chris Wallace. Los periodistas, dijo Cavuto, no están obligados a halagarlo; en cambio, están Âobligados a cuestionarlo y a ser justos con usted ... incluso si al hacerlo se corre el riesgo de ser atacados por ustedÂ.
La naturaleza misma del periodismo es cuestionar. A veces, claro, da la impresión de que se trata de una confrontación y hasta de oposición política. Pero ese es nuestro trabajo: hacer preguntas difíciles a figuras públicas. No es nada personal. Lástima que Evo, AMLO y Trump no lo entiendan así.
Jorge Ramos es periodista ganador del Emmy, es el principal director de noticias de Univision Network.
