Ensalada de granos y aguacate

Con las temperaturas elevadísimas del verano, entre 80°F hasta más de 100° F, en algunas áreas de California, todo mundo quisiera evitar acercarse al calor de la estufa. Lo bueno es que hay muchos platillos que se pueden preparar sin tener que cocinarlos, por ejemplo, las ensaladas son una buena alternativa, pero hay que aprender a manipular correctamente los alimentos para evitar enfermedades a causa de comestibles en mal estado.

Marita Cantwell, especialista en manejo poscosecha, indica que la calidad está relacionada con el sabor y valor nutritivo de las frutas y hortalizas, por lo que se recomienda aprender ciertas reglas básicas que se deben seguir desde el momento de su compra.

“Cuando vamos al mercado, lo primero es seleccionar productos que se vean bien. Sabemos que sí hay una relación entre la calidad nutricional y la apariencia de la mayoría de los productos frescos. No siempre es cierto, pero normalmente el hecho de que compramos con los ojos, sí tiene relación con el estado nutricional y el buen sabor”, señala Cantwell, asesora de la División de Agricultura y Recursos Naturales de la Universidad de California, UC ANR

Para mantener la buena calidad de estos perecederos, los agricultores han implementado muchos cambios en la forma en que cosechan, enfrían, transportan y empacan sus productos. Por ejemplo, se ha diseñado todo tipo de paquetes y envolturas para que las frutas y verduras permanezcan bien ventiladas, no pierdan agua y no se dañen. En los supermercados, los comerciantes también tienen cuidado de mantener la temperatura y humedad idóneas. Pero también hace falta que el consumidor manipule con cuidado sus alimentos desde que los compra hasta que los prepara.

“Una vez que ya ha comprado sus productos de buena calidad, yo creo que la primera regla es no utilizar el refrigerador como un cuarto de almacenamiento. Hay que guardar el alimento por un tiempo mínimo porque entre más tiempo lo guardamos, peor calidad. Afuera del refrigerador se van a deshidratar y va a cambiar bastante la composición, y adentro del refrigerador también habrá cambios, aunque son más lentos. Entonces la idea es comprar las frutas y hortalizas y consumirlo lo más rápido posible”, enfatiza la experta. 

Por lo general, hay que guardar las frutas y hortalizas en el refrigerador, pero Cantwell explica que algunas frutas no necesitan refrigeración en casa:

  • naranjas, toronjas, mandarinas, limas, limones
  • mangos
  • piña
  • papaya
  • melones
  • plátano: se pondrá negro y no tendrá un sabor dulce
  • sandía: pierde su sabor y color rojo cuando se refrigera por más de tres días

Las verduras que no necesitan refrigeración son:

  • pepinos, chiles
  • berenjena
  • jícama
  • calabazas
  • tomate: si los refrigera antes perderán su sabor
  • Las papas y camotes: se debe tener cuidado de protegerlas de la luz y ponerlas en un sitio bien ventilado.

Algunas frutas y verduras se deben dejar madurar a temperatura ambiente, y luego se pueden refrigerar:

  • aguacates
  • kiwis
  • peras
  • duraznos o melocotones, nectarinas, ciruelas

Cuando almacene las frutas y hortalizas a temperatura ambiente siga estos consejos:

  • No los coloque en un sitio donde les dé la luz directamente.
  • No los deje en bolsas de plástico selladas sobre el mostrador porque se podría incrementar olores desagradables debido a la acumulación de dióxido de carbono y a la falta de oxígeno dentro de la bolsa.

El Departamento de Tecnología de Poscosecha de UC Davis ofrece este folleto -que puede descargar gratis- con información práctica acerca del almacenamiento de frutas y verduras frescas para que conserven su sabor.

Deshidratación de los alimentos 

Una alimentación rica en verduras y hortalizas como lechuga, espinacas, acelgas y brócoli ayudan a proteger el organismo de trastornos y enfermedades. Estos son alimentos muy saludables, pero también muy delicados y pueden deshidratarse con facilidad por lo que deben mantenerse refrigerados.

“Si tiene un producto que es susceptible a pérdida de agua como una lechuga, o brócoli, le ayudará envolverlos en una bolsa delgada de plástico; póngales además una servilleta de papel para que absorba el agua que se libera por condensación debido a los cambios de temperatura. Sabemos que vamos a tener más problemas de pudrición cuando hay agua en la superficie de la fruta y la hortaliza”, sostiene la experta.

El etileno en los alimentos 

Cantwell, explica que hay ciertos alimentos que producen etileno, un compuesto que producen de manera natural algunas frutas cuando maduran. No es tóxico ni dañino para los seres humanos; sin embargo, puede reducir el tiempo que duran los alimentos delicados. “Las frutas como la manzanas, peras y durazno producen etileno, y es parte normal del proceso de maduración de esas frutas. Sin embargo, ese mismo etileno es dañino para las hortalizas. Por ejemplo, puede causar manchas cafés en los pecíolos de la lechuga y puede afectar el sabor de las zanahorias. Si al comer una zanahoria le queda un sabor muy amargo en la boca, podría ser causado por el etileno en el refrigerador”, sostiene la experta.

Salubridad al guardar los alimentos

Para conservar la buena calidad de los alimentos hay que mantener limpios los sitios donde se guardan. Los alimentos que no se refrigeran deben ponerse en algún frutero o anaqueles de la cocina que estén muy limpios, secos, ventilados, protegidos de la luz solar y la humedad porque favorecen el crecimiento de bacterias y hongos.

El refrigerador debe limpiarse con frecuencia para desechar los alimentos viejos y evitar el moho.

“Quizás yo como muchas personas, peco de limpia; hay que mantener realmente muy limpios los anaqueles donde guardamos la fruta y hortaliza y asegurarnos que los lavamos periódicamente. Una vez a la semana, como mínimo, para que no tengamos los microorganismos que causan pudrición o bacterias que son motivo de preocupación para la salud humana”, sostiene Cantwell.

Por último, recuerde que cuando las frutas y hortalizas frescas que hemos preparados permanecen a temperatura ambiente por más de dos horas las bacterias empiezan a multiplicarse y crece el riesgo de enfermedad.