El jueves pasado, Modesto López Bautizta comenzó su día dando gracias a Dios por vivir un día más – tal como lo hace todos los días. La única diferencia era que el 17 de enero fue, su cumpleaños número 110.

       Sólo hay cuatro supercentenarios confirmados en los Estados Unidos – todas son mujeres – de acuerdo con el Grupo de Investigación en Gerontología, y sólo 34 en el mundo.

        López Bautizta celebró su cumpleaños en su casa con su familia en Lamont. Juntos, comían sus alimentos favoritos – caldo de pollo y pizza. Y, por supuesto, que puso fin a la celebración con  un pastel de cumpleaños.

        López Bautizta atribuye su longevidad a la oración diaria, una dieta saludable que consiste en una gran cantidad de verduras y un mínimo de estrés a lo largo de su larga vida.

        Nacido en 1909, López Bautizta nació y se crio en San Juan Mixtepec, una comunidad indígena en Oaxaca, México, donde la comunidad sólo hablaba mixteco.

        No había escuela en su comunidad. Nunca aprendió a leer o escribir, dijo.

       “Me arrepiento de no ir a la escuela”, dijo López Bautizta.

         Si quería ir a la escuela, tuvo que viajar a lo largo y pagar la matrícula. Sin embargo, su familia no tenía los fondos para la escuela.

       “Es un privilegio de ir a la escuela [en México]”, dijo el nieto Héctor Hernández López.

En vez de ir a la escuela, López Bautizta trabajaba en la agricultura. Él proporcionó a su familia por los cultivos agrícolas, como el maíz, el frijol, el trigo, el cilantro y más.

         En su comunidad, trabajó para la mitad del año durante la temporada de cultivo. Durante la otra mitad del año, él negoció bienes con otros miembros de la comunidad como una forma de vida.

        “No había tiempo para pensar en el estrés”, dijo Hernández López.

         En 2001, López Bautizta, con su familia, emigró a los Estados Unidos y ahora vive en Lamont.

        López Bautizta y su esposa, que falleció en 1986, tienen cuatro hijos y adoptaron otro niño.

        Su familia ha crecido cuatro generaciones, con un quinto en el camino.

         Ahora, en sus 110º años de vida, los días de López Bautizta tienen el mismo aspecto. Se despierta a mediodía y reza todas las mañanas delante de un altar dentro de su casa. Por lo general toma un paseo fuera para ver la luz del sol, tiene un par de comidas y termina su día con otra oración.

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