La presidencia de Andrés Manuel López Obrador en México comenzó de prisa y dando la cara. Y esto ya es un cambio. Se nota que llevaba más de 12 años preparándose para este momento. No tiene dudas  al menos en público  del rumbo a seguir.
El primer cambio es obvio y visible: Casi todos los días, a las 7 de la mañana, en su conferencia de prensa (Âla mañaneraÂ) AMLO da la cara y explica lo que está haciendo. Sí, se tarda en dar sus respuestas  Âno hablo de corriditoÂ, me dijo alguna vez  pero no sé de ningún periodista que no le haya podido hacer una pregunta. El contraste con el expresidente Enrique Peña Nieto  que se escondía y nunca se atrevió a dar una sola conferencia de prensa en su sexenio con preguntas abiertas para todos  es enorme.
Las Âmañaneras son bienvenidas. La pregunta es si sostendrá esa apertura por seis años. La tolerancia presidencial a ser cuestionado es inversamente proporcional al tiempo que lleva en el poder. Y a veces ya se nota la molestia cuando descalifica como Âfifí a la prensa que lo critica. Ni modo. Nuestro trabajo como periodistas es cuestionar a los que tienen el poder y hoy ese es López Obrador.
El nuevo presidente ha repetido tanto su mensaje  Âhay que acabar con la corrupción"  que es difícil encontrar a un mexicano que no lo sepa. Y él está dando el ejemplo con sus viajes en la sección turista de aviones comerciales, vendiendo la flota de jets privados del gobierno y abriendo al público la lujosa ex residencia presidencial de Los Pinos. ¿Populista? Sí, pero congruente.
Su gabinete es el primero en la historia de México que fue obligado a dar a conocer sus bienes. (¿Se acuerdan del lío que se armó cuando se descubrió la casa blanca de Peña Nieto y la casa de Malinalco de su asesor Luis Videgaray?) Esto es un sabio blindaje: Siempre sabremos cuánto dinero tenían los funcionarios públicos al inicio de su gestión (y ojalá sepamos con cuánto se van).
López Obrador empezó tan de prisa que hasta realizó un referendo sobre el nuevo aeropuerto antes de ser presidente y sin un sistema confiable de conteo de votos. Sí, el huachicoleo es una vergüenza nacional. Pero AMLO iba tan de prisa que no estaban listas las pipas antes de cerrar los ductos petroleros. El resultado fue un terrible desabasto.
AMLO entiende los símbolos. Y los usa inteligentemente, desde su autonombrada Âcuarta transformación y sus críticas a expresidentes Ânos dejaron un cochinero  hasta la construcción del ÂTren Maya y los subsidios que prometió a millones de adultos mayores.
Puedo reportar que la luna de miel está en pleno apogeo.
Creo que AMLO hoy volvería a ser elegido. Todavía no hay arrepentimiento. Y tiene un ejército de voluntarios e indignados soldados digitales que acaban en las redes con cualquier que ose criticar a su líder. Estamos frente a un presidente fuerte con sus propias clientelas y aliados.
Pero, cuidado, porque lo más difícil aún está por venir.
Las muertes no paran. Aunque AMLO haya decidido terminar la guerra contra los narcos, los homicidios y feminicidios no han desaparecido. La impunidad sigue. Si la nueva Guardia Nacional incrementa la militarización en el país, habrá más muertos. Y si se amontonen los cadáveres por miles en las estadísticas oficiales, se acabará el Âbeneficio de la duda que aún disfruta el nuevo mandatario.
En política exterior, López Obrador ha logrado desactivar al Âbully de Trump. Casi lo ignora y el presidente estadounidense, asediado en casa, ve a otro lado, Âfor nowÂ.
Pero la negativa de AMLO a denunciar la brutal dictadura en Venezuela es, desde mi punto de vista, su principal error. Criticar el fraude y las violaciones a los derechos humanos de Nicolás Maduro no significa, de ninguna manera, apoyar los planes de una posible invasión militar o estar del lado de Trump. Decía el premio Nobel, Elie Wiesel, que Âla neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctimaÂ. Seguir reconociendo al dictador Maduro como presidente legítimo  escudándose en la Doctrina Estrada (establecida en 1930)  es una falla ética y diplomática, y una falta de solidaridad con el pueblo venezolano.
Así veo las cosas.
AMLO avanza, México está cambiando y nadie dice extrañar a Peña Nieto. Estamos en otros tiempos.
Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, es el principal director de noticias de Univision Network.
