Todos los muertos son buenos, pues no importa cuán positivas o negativas hayan sido sus acciones mientras vivieron, sólo se recuerda de ellos lo lindo que hicieron. Y digo esto, porque meses, años y décadas antes de fallecer la reina Isabel II se escuchaba a los medios publicar titulares de polémicas, divorcios, infidelidades, muertes, celos familiares, racismo y otros escándalos que traspasaban las fuertes murallas del Windsor o cualquier otro de los castillos donde estuviera reunida con su familia, una de las mujeres más influyentes del mundo y cuya fortuna de 600 millones de euros supera por mucho las riquezas de Beyoncé ó Bill Gates.

Un guardia de honor posa enfrente del feretro de la Reina Isabel II

Pero, la reciente muerte de Isabel II logró hacer lo que no hizo el dinero, ni su equipo de imagen y relaciones públicas: olvidar los “chismes reales” y sacar del baúl de libros, diarios y documentales lo que considero, es el legado más valioso que ha dejado la elegante reina, amante de chaquetas y sombreros de colores brillantes.

En tiempos en que la palabra “resiliencia” no se usaba, esta poderosa anciana es el mejor ejemplo de tener de esa capacidad para adaptarse a tragedias, conflictos y situaciones que salen mal. Uno de sus primeros momentos más tristes y desafiantes fue perder su papá a los 25 años y coronarse como reina de Inglaterra. Estoy segura que sus rodillas temblaban y se preguntaba si sería capaz. Pero su actitud determinante pudo más y terminó siendo la monarca más longeva y querida de la corona británica. 

La Reina Isabel II a sus 96 años (izquierda). La Reina Isabel durante su coronación a sus 27 años.

Fueron 70 años marcados por dificultades dentro del hogar, la sociedad y el país, enfrentando guerras, cambios de gobiernos, muertes trágicas y escándalos familiares. Uno por uno, Isabel II supo aceptarlos y superarlos. Más importante aún, no le quitaba el sueño las críticas negativas y lo que otros pensaran de ella, porque ella sabia que no era una monedita de oro para caerle bien a todos. 

La próxima vez que algo no salga bien, recuerda la resiliencia de esta Reina y que solamente tu actitud hará la diferencia entre quedarte derrotado o salir victorioso. Gracias Su Majestad Isabel II por su legado; una buena dosis de resiliencia vale más que una herencia de joyas y millones de euros. ¡Usted, bien lo sabe!

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