En mayo de 2016, Alexander Rossi, novato del Indy y piloto del auto de carrera de Honda, estiró su último tanque de gasolina durante 36 vueltas hasta la meta –cuatro vueltas más que cualquier otro competidor– para ganar la centésima carrera del Indianápolis 500. El IndyCar trae un motor V-6 doble turbocargado, con inyección de combustible, de aleación de aluminio con un doble árbol de levas, tren de válvulas con cuatro válvulas por cilindro, inyección de combustible directa, dos turbocargadores Borg-Warner, tecnología de acelerador electrónico “Drive-by-Wire” y una Unidad de Control Electrónico del Motor McLaren (ECU) con especificaciones de serie.

Honda Performance Development Inc., la compañía norteamericana de carreras de Honda, entró en la Serie IndyCar® de la Indy Racing League en 2003, y fue el único suministrador de motores desde 2006 hasta 2011. En esas seis temporadas, Honda impulsó la parrilla inicial entera de 33 autos en el Indy 500 sin que un solo piloto quedara fuera de la carrera por un problema relacionado con el motor, un testimonio de la durabilidad de los productos de Honda. Después del regreso de otros fabricantes en 2012, Honda continuó su logro sin paralelo en durabilidad e innovación, impulsando equipos a victorias en el Indy 500 en 2012, 2014 y ahora en 2016.

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