Apasionada de los deportes, inquieta y activa mujer quenunca ha cedido ante los retos más difíciles.
“Una semilla de la vida”, así se identifica la boxeadora Jackie Nava, que es el título del libro que está leyendo.
La tijuanense se ha fajado en la vida, viene de cuna humilde, pero con derechazos e izquierdazos derribó fantasmas y muros.
Carencias encontró en su navegar, pero no fueron un lastre, fueron las cadenas que rompió para triunfar y ahora ser la portavoz
de la mujer, en el deporte, en la política.
Hija de un mecánico automotriz, a sus 12 años Jackie soñaba en ser admirada y reconocida.No tenía los métodos, pero los fue descubriendo poco a poco,
primero con el lima lama, un arte marcial que era en su tierra. Posteriormente
el kickboxing, donde comenzó a ganar popularidad por sus triunfos.
“Hacía ejercicio para bajar de peso, pero nunca para verme bonita. Cuando no tienes muchas cosas en la vida, con lo indispensable buscas abrirte camino.
Afortunadamente nunca he sufrido discriminación por estar dedicada al deporte.
Eso me ayudó a valorar cualquier disciplina”. Estudiante de arquitectura, su
juventud fue entrenar y ayudar con algo de dinero en su casa. “A pesar de que fueron momentos difíciles, era muy alegre y quería que mis otras hermanas tuvieran un mejor porvenir. También hice atletismo, hasta
que el entrenador Miguel Reyes me dijo que tuviera una pelea en boxeo, sin
pensar en que llegaría a ser campeona mundial”.
Siempre bien organizada en sus quehaceres donde incluía preparar a sus hermanas para la escuela y de sus tareas propias. “Mi papá siempre me dijo que primero era la casa y estudiar. Por eso no tenía tiempo de ir con amigos
a bailar o de fiestas. El deporte fue el escaparate para mostrarme como una mujer valiente, aunque también sufrí de soledad. Pero son
detalles de la vida que conservas y que no quieres para tus hijos".
