México, 20 ago (EFEUSA).- Después de dos décadas de estar entre lo mejor de la literatura de América Latina, la novelista mexicana Ángeles Mastretta parece ir por la vida por encima del bien y del mal con un sueño único, contar un cuento cada día al estilo de la princesa Sherezade del clásico “Las mil y una noches”.

“Me he vuelto voraz, quiero oír y oír historias y en cada una digo, ‘Ahí hay un libro’. Hoy me conformo con escribir mucho”, asegura en entrevista a Efe la ganadora del Premio Rómulo Gallegos de 1997 por “Mal de amores”.

Es Ángeles una mujer obsesiva con su oficio, que lleva un anecdotario, está activa en las redes sociales y escribe prácticamente todos los días, e incluso cuando no lo hace perfila en su mente el boceto de alguna posible nueva novela.

“Ahora estoy escribiendo en mi cabeza; ojalá me pase como con ‘Arráncame la vida’ y ‘Mal de amores’, que cuando las armé en la cabeza ya las tenía avanzadas. No sé si la lleve a cabo (su nueva obra), pero la idea es una novela coral que cuente la ciudad de Puebla, como quien cuenta Bilbao, Madrid o La Habana”, asegura.

Aunque se dio a conocer con sus poemas y ha publicado cuentos, Mastretta es por encima de todo una escritora de novelas que en 1986 ganó el Premio Mazatlán por “Arráncame la vida”, al recrear una historia escuchada en su familia, y 11 años más tarde se convirtió en la primer mujer ganadora del Rómulo Gallegos.

“No sé qué me falta por escribir, pero como voy acabaré haciendo libros parecidos a ‘La emoción de las cosas’, una obra personal”, dice al referirse a la pieza autobiográfica creada en 2013 en la cual la autora se muestra sin ropajes.

La miran como un símbolo del feminismo en México; sin embargo, no se trata de una radical que sueña con un machismo a la inversa para cobrar a los varones los siglos de abuso a la mujer.

“El feminismo lo veo como un trabajo que apenas empezamos; para nada es un machismo al revés. El feminismo es una liberación para las mujeres y también para los hombres. No es ‘Quítame la carga de los hijos’, sino ‘Ten la felicidad de ellos tú también’. Se confunde feminismo con pleito cuando debiera ser solidaridad mutua”, asegura.

Su idea tiene que ver con los años de formación en Puebla, en el centro de México. En su familia las mujeres eran tan importantes como los hombres y cuando se trataba de subir un árbol, cortar nísperos y comprobar quién nadaba más veloz no se miraba si el ganador era niño o niña. “Lo que yo quiero es que nos metamos en los mismos líos al mismo tiempo”, dice.

Ángeles Mastretta habla bonito pero es coherente al llevar su discurso a su manera vivir. Con su marido, el escritor Héctor Aguilar Camín, lleva más de 40 años de relación y protagoniza una historia, no de amor con final feliz, sino de amor sin final.

Dice que no se cansan de conversar y jamás se aburren juntos porque espantan el tedio con conversaciones jugosas sostenidas en la alegría y en las numerosas lecturas de calidad de ambos durante un montón de tiempo.

“La clave es que uno es Sherezade del otro porque siempre nos estamos contando cosas. Una buena pareja es una buena conversación y nosotros siempre la tenemos”, insiste con una pose de princesa, hábil al embelesar con historias a su sultán, a quien sojuzga con cuentos tan buenos como besos. EFEUSA

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