Las Vegas (NV), 2 oct (EFEUSA).- Las Vegas, una ciudad más que acostumbrada al ruido, a las multitudes y a la algarabía, no sale del estupor tras la peor matanza por arma de fuego registrada en Estados Unidos, con al menos 58 muertos.

La noche se fundió con una madrugada amarga y el despertar del día llegó hoy con cifras que asustan: 58 muertos y 515 heridos en el tiroteo ocurrido el domingo por la noche en un concierto de música country.

Rosa Sánchez vive a apenas cinco minutos del famoso bulevar de Las Vegas, el Strip, donde sucedió todo. Ella y sus hijos se enteraron en cuanto la noticia se produjo.

“Sentimos miedo, no lo puedo negar, pero después de eso es más tristeza y dolor”, cuenta a Efe la mujer, que explica que sus hijos no pararon de llorar en toda la noche.

Rosa, al igual que muchos residentes de la ciudad, llegó hasta el centro de espectáculos al que la Policía local trasladó a todos aquellos que no pudieron regresar a sus hoteles debido al suceso y el enorme operativo de las autoridades, para entregar agua y zumos a los afectados.

A Kimberly Culiard la noticia le llegó al corazón. Su esposo trabaja en el hotel Mandalay Bay, desde donde el sospechoso, identificado como Stephen Paddock, disparó desde el piso 32 con un arma automática contra una multitud de más de 22.000 personas que asistían en la calle a un concierto de un festival country.

“Logré comunicarme con él y rápido me dijo que estaba bien y me contó todo lo que estaba pasando. Es muy duro esto!”, dice con la voz entrecortada mientras revisa en su teléfono las fotos de su esposo y lo mira con un gesto de alivio, pero también de tristeza.

“Ya casi va a poder llegar a la casa, ahora que los dejen salir de ahí. Ahí me contará mejor todo lo que pasó. Pero es que no se entiende por qué alguien hace algo así. Por qué mata y lastima a tanta gente inocente”, dice con rabia.

En el corazón de Las Vegas, la denominada ciudad del pecado, la Policía y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) mantienen su despliegue en el extremo sur del Strip y en los hospitales asignados para atender esta emergencia se agrupan los familiares de las víctimas a la espera de noticias.

Los rostros desencajados de todos se suman a un panorama fuera de lo normal, donde se ven patrullas policiales y más seguridad de lo normal.

Frente al Centro Médico Universitario, el principal centro hospitalario de la ciudad, están apostados no sólo los familiares de las víctimas, sino decenas de personas que acudieron al llamamiento para donar sangre, una de las principales necesidades en este momento.

Dos de ellas son Romelia Castro y su amiga Margarita.

“Es lo mínimo que podemos hacer. No podemos quedarnos de brazos cruzados. Nos han atacado a todos y todos debemos responder ayudando”, cuenta a Efe mientras hace la fila para donar sangre.

La necesidad es tan enorme que autoridades locales y estatales han hecho un llamamiento a la población para que done sangre para contribuir a salvar la vida del medio millar de personas heridas durante la masacre.

La solicitud ha tenido un buen eco entre la población, que ha llenado los diferentes puntos de la ciudad donde se puede donar sangre.

A esta hora en Las Vegas confluyen la investigación de los agentes de la ley con la espera angustiosa de familiares de víctimas que confían en que sus seres queridos libren esta batalla victoriosamente. EFEUSA

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