Enrique Peña Nieto se va con todos sus muertos. Es, sin duda, el peor

presidente que haya tenido México en su historia moderna. Esto está

basado en datos terribles. Durante su presidencia fueron asesinados más

mexicanos que en cualquier otro gobierno reciente. Por eso es el peor.

   En lo que va de su gobierno han sido asesinados 122.889 mexicanos.

Estas cifras son solo equivalentes a zonas de guerra. Son cifras

oficiales (y aquí las puedes verificar https://bit.ly/2LGFnty). Van del

primero de diciembre del 2012 al 30 de septiembre del 2018. Y todavía nos

falta sumar todos los homicidios dolosos de octubre y noviembre de este

año. EPN dejó el país como cementerio.

   — 2012: 1.699 muertos

   — 2013: 18.106 muertos

   — 2014: 15.520 muertos

   — 2015:16.909 muertos

   — 2016: 20.547 muertos

   — 2017: 25.339 muertos

   — 2018: 24.769 muertos

   Total: 122.889 muertos en la presidencia de Enrique Peña Nieto.

   Estos son muchos más que los 104.089 muertos del sexenio de Felipe

Calderón (2006-2012). Lo más grave de todo fue la incapacidad de Peña

Nieto de hacer algo. Fue un presidente inútil. La gráfica muestra cómo

los asesinatos dolosos se empezaron a disparar a partir del 2014, y su

administración fue incapaz de reaccionar.

   Peña Nieto fue presidente solo de nombre. Las gigantescas cifras de

criminalidad muestran a un presidente pasmado, paralizado, que nunca supo

qué hacer. Durante su ilusoria campaña electoral en el 2012, recargada de

anuncios de televisión y promesas imposibles, dijo que iba a detener el

crimen de una “manera pronta y eficaz”. Fue una farsa.

   Falló en lo más básico. Lo menos que se le puede pedir a un presidente

es que evite que maten a sus ciudadanos. Pero Peña Nieto, confundido,

creía que las malas noticias eran una cuestión de imagen y se gastó

millones en publicidad. Nunca entendió que mil anuncios de televisión no

podían evitar una sola muerte. Ni borrar la agonía de las familias.

   Los que votaron por Peña Nieto, o le ayudaron tramposamente a llegar

al poder, son cómplices de haber empujado en la presidencia a uno de los

políticos más incompetentes que haya tenido el país. Las elecciones

tienen consecuencias. No son solo un juego de ajedrez entre partidos

políticos. Y cuando se escoge a un presidente nefasto las consecuencias

son, también, nefastas. Basta con contar los muertos.

   Y perdonen los malditos números. Sabemos que cada uno es una cara, un

nombre, una vida, un hueco que deja. Ese vacío no se llena con

declaraciones vagas y excusas. El caso es que Peña Nieto fue un fracaso:

No pudo, no quiso o no supo. Su gobierno estuvo marcado por la torpeza e

indiferencia. En México se mata, y no pasa nada. Es imposible hacer un

breve recuento de la fatídica presidencia de Peña Nieto sin mencionar su

sumisión ante todos los deseos del bully Donald Trump; la desaparición en

el 2014 de los 43 estudiantes de Ayotzinapa — es increíble que hoy

todavía no sepamos dónde están — y el caso de corrupción de la “Casa

Blanca”. ¿De verdad nunca pensó que era un enorme conflicto de interés

que su esposa le comprara una casa de 7 millones de dólares a un

contratista de su gobierno? Su ceguera en este conflicto fue la señal más

clara de que estábamos en graves problemas y frente a un presidente

moralmente incapacitado.

   Cuando recordemos la presidencia de Peña Nieto — o cuando los niños

vean en los libros de historia las masacres, las fosas y la impunidad —

muchos se van a preguntar: ¿Cómo pudo llegar alguien así a la

presidencia? ¿Cómo lo permitieron los mexicanos? ¿Por qué la oposición,

si de verdad era oposición, nunca promovió un juicio político para

sacarlo?

   Espero que el nuevo gobierno tenga la certidumbre ética para iniciar

un juicio a Peña Nieto por la Casa Blanca. Pero si no pasa nada, lo mejor

que podemos esperar los mexicanos es que se vaya. Lejos. Bastante daño

hizo ya.

   Posdata/advertencia: La militarización de las calles de México nunca

ha logrado reducir el crimen, la corrupción y evitar violaciones a los

derechos humanos. Ojalá que Andres Manuel López Obrador no siga el camino

de Peña Nieto y Calderón. Los mexicanos no votaron por más de lo mismo

(aunque cambie de nombre y se llame Guardia Nacional). Advertencia a

López Obrador: En esto no se puede equivocar. Es vital.

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