Cuando vamos a comprar productos frescos del campo en cadenas de tiendas especializadas en California, además de encontrar gel antibacterial y canastas con agarraderas desinfectadas, nos encontramos de frente con un letrero que dice “está prohibido que traiga su propia bolsa”.

Es un mensaje que está lejos de ser exclusivo de esos negocios de frutas, vegetales y carnes; inclusive la mayor cadena de ventas al menudeo en el país tampoco permite que los clientes lleven su propia bolsa. Es una decisión que pretende salvar vidas, prevenir contagio del COVID 19.

Es parte de la llamada nueva realidad, la forma en que ahora tenemos que desenvolvernos para cuidarnos.

Las bolsas, los plásticos, los reciclables adquirieron una nueva dimensión porque llegó la pandemia. Puestos en una balanza, ¿cuidar un poco más el ambiente si se consumen radicalmente menos bolsas y plásticos es más importante que cuidarnos un poco más?

Los que amamos cuidar el ambiente pensamos “no me gusta usar tantas bolsas, botellas de plástico, pero al menos las puedo reciclar”, pero resulta que estamos riesgo de dejar de reciclar en California. Eso genera innecesariamente más angustias en tiempos del COVID 19.

Además de que se van a disparar los precios de las bolsas y botellas, usted que lee, imagine que en un restaurante establecido donde solo se vende comida para llevar o para pedir por teléfono no tengan bolsas de plástico y papel para enviarle o que usted lleve su comida.

Imagine a un consumidor que en un camión lonchera compra en su hora de descanso algo de comida pero el camioncito no tiene ni platos desechables, no bolsas de plástico, ni cubiertos descartables, ni siquiera servilletas, porque todo eso es reciclado.

Lo peor es que en estas semanas no estamos distantes de que ocurran escenas y problemas como esos.

Antes de que llegara la pandemia, la legislatura introdujo dos iniciativas que buscan desmantelar rápidamente los negocios de reciclaje, que en su mayoría son pequeñas empresas, muchas de ellas propiedad de latinos e inmigrantes.

La propuestas AB 1080 y SB 54, de antes del coronavirus, piden terminar con la industria del reciclaje sin asumir un presupuesto para sustituirla, quedaron obsoletas ante la nueva realidad de una pandemia que nadie sabe cuánto va a durar.

Todos los pequeños empresarios del reciclaje de alguna manera aman cuidar el medio ambiente, por eso eligieron ese tipo de negocio, en el que dan empleos a familias que, en medio de la pandemia, quedarían desempleadas, o, de trabajar en reciclaje, enfrentarían enormes multas.

Hoy necesitamos reciclar todo lo que pro la pandemia nos vemos forzados a consumir y se puede reciclar. Ya después que la contingencia pase, veremos cómo es la realidad. Hay que detener esas propuestas contraproducentes.

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