BAKERSFIELD, CA- No cabe duda de que el año 2020 ha sido devastador para el mundo entero, el COVID-19 ha causado que mucha gente perdiera su trabajo, se quedara sin fondos, sin comida, sin esperanza, y sin hogar. Aún así, muchos propietarios desean la renta mensual de sus inquilinos, no les importa si tienen trabajando o no, no les importa si tienen que comer o si tuviesen niños que alimentar y cuidar; ellos quieren su dinero o se salen.

     Suena como una de esas películas mexicanas donde el notario va a la casa y dice a los inquilinos que “¡tienen que pagar o se me salen ya!”. Pero gracias a la moratoria federal de vivienda, la cual detuvo las ordenes de desalojo durante el verano y parte del invierno han ayudado a que mucha gente se quedara en su casa. Sin embargo, este moratorio que tiene una fecha de vencimiento del 31 de enero del 21, dejara las puertas abiertas para que surja una ola inmensa de ordenes judiciales de desalojo, no solamente en el Condado de Kern, pero a través del Valle Central de California.

     “Esta es la desigualdad en el corazón de California” dijo Edward Orozco Flores, profesor de sociología en la Universidad de California, Merced. “El valle central ha sostenido un crecimiento severo”, agregó Orozco Flores, agregando que el valle tiene la taza de desempleo más grande del estado, el segundo lugar en la tarifa de hogares complejos (multifamiliares), y el tercero más bajo de propietarios de viviendas.

      En comparación con el área de la Bahía (San Francisco), el Valle Central tiene la segunda taza de mayor crecimiento en el estado, siendo California el segundo lugar nacionalmente. Por cada 100 hogares el Valle Central tiene 10.7 subfamilias, que ocupa el segundo lugar detrás del Imperio Dorado con 11 subfamilias por cada 100 hogares.

     Personas que son dueñas de su propia casa equivalen al 49.4% de la taza nacional, la más baja en la nación. ¿Qué es lo que causa esta situación? ¿Por qué no hay más gente que pueda comprar su propia casa? La respuesta esta en varios variables, por ejemplo: El Valle Central es el número 2 en crecimiento económico más alto, tiene la 2ª tasa más alta de desempleo, la 2ª tasa más alta de hogares multifamiliares, y la tercera tasa más baja de propietarios de viviendas. Bueno, ¿Y que significa todo esto? La verdad es que en el Valle Central la mayoría de los trabajos son esenciales de primera línea, es decir la producción de alimentos, empacadoras y proceso de alimentos, que pagan sueldos más bajos, haciendo que la población agrícola tenga que depender en su mayoría de las estampillas de comida, proporcionadas por el gobierno. Estas bajas tasas de sueldos han causado una carga de alquiler; es decir, que existen personas que utilizan el 30 por ciento de su sueldo para pagar su renta, y existe el lado extremo, donde personas utilizan hasta el 50 por ciento de sus ingresos para pagar la renta.  Los sueldos son tan bajos, que no les alcanza para poder comprar una casa.

     “Tenemos que extender la moratoria” comentó el profesor Orozco Flores. “Si no, vamos a tener un incremento de ordenes judiciales de desalojo en los próximos dos meses”.

     Muchas personas pensaron en la creación de sindicatos en el Valle Central, tal y como se formaron en la zona costal de California, el problema esta que en el Valle Central las regulaciones sobre las procesadoras de alimentos y agricultura son totalmente diferentes a la zona costeña. Muchos de los trabajadores han sido explotados desde los años 30, dado a la falta de protección de la Ley Nacional de Trabajo, que ha causado grandes desventajas, dejando a las personas de color (afroamericanos e hispanos) sin incluir en esta protección.

DESALOJADOS, VIVIENDO EN LA CALLE DURANTE LA PANDEMIA

     Jessica Ramírez, una madre soltera de seis hijos vivía en un apartamento en Fresno, California al principio de la pandemia, pero cuando se terminó su contrato con el propietario de la casa donde vivía, recibió una carta demandado que desalojara la residencia de inmediato. “El propietario de la residencia no quiso aceptar mi renta”, comentó Ramírez. “El se esperó hasta que la pandemia surgiera para poner a mis hijos en riesgo”.

     Durante el tiempo que Jessica y sus hijos estuvieron desalojados, ella tuvo que vivir en lugares pobres y llevaba a sus hijos al parque para poderlos bañar y asear. “Ningún padre tiene que elegir entre pagar la renta y la vida de sus hijos” agregó Ramírez.

     En abril del 2020, Ramírez pudo atender una junta pública del consejo municipal donde le dijo a los concejales de la ciudad de Fresno que “estamos en una situación de emergencia, la gente necesita ayuda”, ahí es cuando ella atrajo la curiosidad de la concejal Esmeralda Soria.

     Jessica y sus hijos pudieron obtener ayuda por medio de la organización Faith in the Valley, quienes le ayudaron a obtener los recursos necesarios para poder obtener una residencia, pero con una orden de desalojo en su crédito, muchos propietarios y sus agentes no desean ayudar, y durante su despojo, ella apenas había dado a luz a su hijo menor.

     Otra persona que sufrió una devastadora experiencia fue Claude Bailey, un adulto mayor que después de vivir en su apartamento por 20 años y pagando su renta cada mes, es despojado cuando el agente del propietario le pide que llenara una solicitud para la Sección 8, poco después se le hizo saber que no calificaba y desalojado poco después. No encontró razón alguna de porqué, después de vivir en esta residencia por tanto tiempo tuvo que salirse.

     Bailey tomó la opción de empezar a vivir en su carro, el cual fue su hogar por 10 meses. “En las noches no podía dormir bien, porque la policía o veladores venían a mi carro a decirme que me moviera”, comentó el hombre de avanzada edad.  “Muchas veces hasta los mismos ladrones no me dejaban dormir, al trata de abrir las puertas de mi carro y tratando de robarse las tapas de mis llantas”.

     Bailey dijo que perdió mucho peso durante estos meses que vivía en la calle, su razón principal, no encontraba un lugar seguro para ir al baño, así que decidió no comer. Cuando encontraba un baño portátil, apenas y podía ir dado a la condición y fuerte olor.

      “Vi a muchas mujeres en condición de calle que dormían en cajas de cartón, y empleados del municipio o otras personas se las quitaban y las destruían, dejándolas a la intemperie y al frío”, comentó Bailey, agregando que la vida es como una rueda, en algún momento te puedes encontrar en la cima, pero una vez que empieza dar vuelta, te puedes encontrar debajo muy pronto.

     En el caso del sr. Bailey, amigos y vecinos de él se unieron y lo pusieron en un hotel, y ayudándole a buscar un apartamento.

     En otro caso, una mujer, casada, trabajadora agrícola y con dos hijos, perdió su casa cuando empezó la pandemia. Su esposo, trabajador en una lechería, pagaba la renta al trabajar en la lechería del dueño de la casa donde vivían. Ella trabajaba en los campos, llevándose a sus dos hijos con ella a donde fuera y rentando una casita o apartamento.  Durante la pandemia, la temporada empezó varios meses después y el dueño del lugar decidió vender el lugar, cuando el nuevo dueño tomó posesión, les dijo que tenían 60 dias para vacar el lugar, y dado a que vivían en una zona no incorporada a la ciudad, sus ingresos no eran lo suficiente para poder rentar otro lugar.

     Su solución fue ponerse en contacto con Faith In the Valley, donde Blanca Ojeda, organizadora comunitaria de esta organización los conectó con recursos legales, afortunadamente pudieron hablar con el nuevo dueño del lugar, quien les dejó vivir ahí.  Y hay recursos disponibles, pero si el trabajador es indocumentado, no podrá calificar para estos programas.

DESALOJOS AUMENTAN UNA CRISIS QUE YA EXISTIA

 

     Janine Nkosi, consejera regional para Faith in the Valley y profesora de sociología en Merritt College y en la Universidad de California, Fresno dijo que en la organización hizo un estudio sobre las tasas de desalojos en el Valle Central y los resultados fueron increíbles.

     Ella encontró que en el 2019 la tasa de desalojos en cinco de los condados que forman el Valle Central era increíblemente alta, en Kern había 3737 casos confirmados, Fresno 3238, Merced 787, Stanislaus 1677 y San Joaquin 2766; y esto no es contando que los números se doblan en los desalojos que no entran a las cortes.  “Estamos viviendo una crisis antes del Covid”, comentó la profesora.

      En septiembre del 2020 ya se habia confirmado un total de 650 mil casos presentados ante la corte en el valle, en abril, un mes después del toque de queda estatal, el nivel de aplicaciones para desempleo ya había subido un 600% en el valle, tomando en cuenta que un año atrás, el valle tenía la tasa más pequeña de desempleo.

      La profesora Nkosi que el nivel de hogares vulnerables a los desalojos ha incrementado mucho desde que empezó la pandemia, Kern cuenta con 20052 casos, Fresno 28203, Merced 13860, Stanislaus 15050 y San Joaquin con 22750 casos.

     “Si no tenemos las protecciones necesarias disponibles, tales como la protección de desalojos para hipotecas y rentas como moratorios”, agregó Nkosi. “Para el fin de mes en enero del 2021, si no se extienden las protecciones, estimamos que 100 mil personas en el Valle Central estarán listas para ser despojados”.

      Al mismo tiempo, Faith in the Valley y sus representantes piden la concesión de ayuda legal para las personas de bajos recursos. Si uno puede obtener representación legal si roba algo, porque no tener el derecho de representación legal durante un desalojo.

     “A usted lo pueden arrestar por robar una pequeña cantidad de comida – una caja de twinkies de la tienda – y usted tiene el derecho de ser representado legalmente. Pero si tu hogar esta en la línea, usted no tiene el mismo derecho” comentó Mike Feur, asambleísta estatal de California.

    En estos momentos, se estima que existen aproximadamente 28 millones de personas, solamente en California, que han sido empujadas a estar en situación de calle.

    Cada año, en el condado de Kern, inquilinos pagan más de un billón de dólares a propietarios y a sus agentes para poder mantener sus casas. Pero estamos en una situación crítica sobre la vivienda, ya que el 40 por ciento de los inquilinos pagan rentas inasequibles, y la habilidad de ser propietario ha alcanzado niveles bajos a los residentes con ingresos bajos y moderados.

   Miles de residentes del Condado de Kern son desalojados cada año, y la pandemia ha hecho de este problema una crisis mayor.  Entre el 2007 y 2016 un total de 42,663 desalojos fueron presentados ante la corte, en el 2009 al llegar al nivel más alto, cuando se presentaron 4889 demandas de desalojo, eso es un total de 1200 casos más.

      En estos momentos, se estima que 20,000 hogares, y 24,000 niños están en peligro de ser desalojados dado a que sus padres están confiando en los ingresos de industrias que han sido extremadamente impactadas por el COVID-19.

     La tarjeta de puntuación de la política de vivienda del Valle Central sobre el Covid-19 a dado la calificación de 0.5 de 5 al condado de Kern. Eso se traduce a que los líderes gubernamentales del condado han hecho casi nada para estabilizar la vivienda, o para proteger a los residentes del impacto causado por el COVID-19.

     Dado a la falta de acción de los líderes gubernamentales y de las medidas estatales inadecuadas, se espera que una vez que se venza el moratorio a fines de enero, el Condado de Kern va a experimentar una gran ola de desalojos.

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