¿Crees tú que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es un

racista? Aunque incomode, esta es una pregunta que todos debemos

responder. Pero, particularmente, los Republicanos y los que votaron por

él. Si la respuesta es “sí”, entonces ellos están obligados (moralmente)

a hacer algo al respecto.

   Todo esto surge por el castigo impuesto al congresista Republicano,

Steve King.

   En una entrevista con el diario The New York Times, King dijo lo

siguiente: “Nacionalistas blancos, supremacistas blancos, la civilización

occidental ¿en qué momento ese lenguaje se convirtió en ofensivo?”

   Basta decirle al congresista King que esas palabras se convirtieron en

ofensivas cuando nacionalistas y supremacistas blancos, en nombre de su

raza, ocasionaron la muerte de millones de personas durante el Holocausto

y hoy, todavía, son responsables de muchos ataques. En el 2017 había 121

grupos neo-Nazi y 72 de supremacistas blancos en Estados Unidos, según el

Southern Poverty Law Center.

   King, quien tiene una larga historia de declaraciones racistas — y que

alguna vez dijo que hay inmigrantes “con pantorrillas del tamaño de

melones porque llevan 75 libras de marihuana por el desierto” — no fue

expulsado del congreso. Pero perdió su puesto en todas las comisiones de

la Cámara de Representantes y muchos colegas están pidiendo su renuncia.

Ese fue su castigo.

   Si King fue castigado debido a sus opiniones racistas ¿se debería

juzgar de la misma manera a Trump, quien también ha hecho comentarios

racistas? ¿Debe un presidente ser castigado igual que un congresista?

   Cuando el periodista Anderson Cooper le preguntó en el programa “60

Minutes” a la nueva congresista Alexandria Ocasio-Cortez si Trump era un

racista, su respuesta fue inequívoca: “Sí, sí. No hay duda”, dijo.

   Luego, en su cuenta de Twitter, la congresista de 29 años de edad — la

más joven en la historia del país — fue mucho más específica: “El

presidente defendió a los neo-Nazis que mataron a una mujer en

Charlottesville. El Departamento de Justicia lo demandó por no rentarle

[propiedades] a inquilinos negros. Lanzó su campaña [presidencial]

llamándole ‘violadores’ a los mexicanos. Prohibió la entrada de

musulmanes. El presidente es un racista. Y esto te debe hacer sentir

incómodo”.

   Trump, efectivamente, inició su campaña por la Casa Blanca en junio

del 2015 diciendo esto sobre los inmigrantes mexicanos: “Cuando México

envía a su gente, no envía a los mejores. … Está enviando gente con

muchos problemas. … Traen drogas. Traen crimen. Son violadores. Y

algunos, supongo, son buenas personas”.

   Ese es un comentario abiertamente racista.

   Pero hay más. En el 2016 el actual presidente sugirió que el juez

Gonzalo Curiel — quien había sido asignado a un juicio sobre la

Universidad Trump — no podía hacer bien su trabajo y ser imparcial debido

a su herencia hispana. Trump explicó en una entrevista con CNN cual era,

desde su punto de vista, el conflicto de interés: Trump quería construir

un muro con México y el juez Curiel era “de origen mexicano”.

   Esa es una de las peores consecuencias del racismo: creer que alguien

no puede hacer bien su trabajo debido a su origen racial o étnico. Y eso

es lo que dijo Trump. (Basta aclarar que el juez Curiel, de padres

mexicanos, nació en Indiana.)

   A pesar de estos dos ejemplos concretos de expresiones racistas por

parte de Trump y de las acusaciones de la congresista Ocasio-Cortez,

entre muchas otras, el presidente no se considera a sí mismo un racista.

“Soy la persona menos racista que tú hayas conocido”, le dijo en una

entrevista de televisión a finales del 2015 al periodista Don Lemon.

   Es imposible meterse en la cabeza de Trump. No sé lo que hay ahí

dentro. Pero sí sé lo que ha salido de su boca. Y lo que yo he escuchado

son expresiones racistas.

   ¿Cómo se castiga a un presidente que ha hecho comentarios así? Lo

único peor que un político que expresa sus prejuicios sin vergüenza es un

grupo que tolera, celebra y repite dicho comportamiento. Lo de Trump ya

lo sabíamos hace mucho tiempo y aun así más de 62 millones de personas

votaron por él.

   Pero todo cambia. El castigo a King es una señal importante. Es un

grito de “basta ya”. Ojalá no se quede ahí.

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