El pasado sábado Javier Aquino firmó un nuevo episodio en su particular ruptura con Cruz Azul. El futbolista de San Francisco Ixhuatán marcó el único gol de Tigres y no dudó en besar el escudo de su actual club, desafiando así a un Estadio Azteca que desde ese minuto la tomó con él y no dudó en abuchear cada una de sus intervenciones. El desencuentro entre ambos, no obstante, viene de lejos.

El 28 de enero de 2013, Javier Aquino dijo adiós a la Máquina para poner rumbo a Europa y enrolarse en las filas del Villarreal. El extremo decía adiós al club de su vida, en el que creció como futbolista y en el que alcanzó el máximo escalón del fútbol mexicano. Hasta ahí el recuerdo celeste sobre el jugador era imborrable, todo iba a cambiar en 2015.

Tras pasar por Villarreal y Rayo Vallecano se plantea la posibilidad de volver a Cruz Azul, pero recibe la negativa de los cementeros. “Mi representante preguntó que si querían ser la primera opción para negociar la vuelta y dijeron que tenían otras opciones, otros jugadores en esa posición”, aseguró Javier Aquino en una entrevista con Pello Maldonado en julio de 2019.

Tras la negativa apareció Tigres, un pretendiente al que Javier Aquino, dolido, aceptó. “Cuando digo que sí a Tigres, Cruz Azul viene, no sé si a ellos les cerraron las opciones que esperaban, pero para mí fue una falta de respeto hacia mí persona”, afirmó el atacante.

Desde ese día la relación entre Javier Aquino y Cruz Azul da un giro de 180 grados y este fin de semana con el beso al escudo de Tigres vive su episodio más dramático. El que fuera joya cementera ya no es bien recibido entre los aficionados de la Máquina.

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