Denver (CO), 15 dic (EFE News).- La capacidad de los granjeros, rancheros y agricultores de enfrentar serios desafíos les dificulta a la vez buscar ayuda cuando la necesitan, con el riesgo de caer en la depresión o tener pensamientos suicidas, especialmente entre los latinos, según expertos de un programa de ayuda que ahora ha incluido materiales de prevención en español.
En el mundo agrícola hay marcadas diferencias demográficas y socioeconómicas entre los propietarios de granjas y ranchos y sus trabajadores.
Mientras que la gran mayoría de los dueños de granjas y ranchos son blancos y con ingresos anuales cercanos a 80.000 dólares promedio, la amplia mayoría de los trabajadores agrícolas son hispanos con unos 23.000 dólares anuales de media, dijo a Efe Robert J. Fetsch, profesor del Departamento de Desarrollo Urbano y Estudios de Familia en la Universidad Estatal de Colorado (CSU).
“Tenemos un problema en nuestro estado y a nivel nacional”, expresó, tras indicar que cerca de 80 % de los 3 millones de trabajadores agrícolas en Estados Unidos son de origen latino, muchos de ellos inmigrantes.
Fetsch y sus colegas colaboran en el Proyecto AgrAbility, que reúne desde hace décadas a universidades y organizaciones del país e incluso a nivel internacional para ayudar a granjeros, rancheros y trabajadores agrícolas con problemas financieros o con incapacidades físicas.
Este año, en medio de la pandemia de la covid-19, el Proyecto AgrAbility incorporó un componente de prevención del suicidio, con materiales en español desarrollados por la Universidad Purdue (en Indiana) y por los estados de California y Washington.
“Ayudamos a tantas personas como nos sea posible para que no cierren sus negocios y sigan trabajando en agricultura. Visitamos a los granjeros y rancheros y nos interesamos por su bienestar”, dijo a Efe Norman Dalsted, hasta hace poco profesor de CSU y director, junto con Fetsch, de AgrAbility en Colorado.
“Antes hablábamos en persona con los trabajadores. Ahora, por la pandemia, llamamos por teléfono o tenemos videoconferencias semanales para saber qué necesidades tienen. Pero muchas personas aún no entienden lo que significa ser ranchero o granjero”, agregó.
Un dato que atañe a los agricultores, y más específicamente a las personas dedicadas a tardeas de campo, es que cometen suicidio en una proporción de dos veces y media más que el resto de la población.
Un estudio publicado en febrero de 2020 por los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) reveló que el índice de suicidio entre trabajadores agrícolas es superior al de los dueños de granjas o ranchos, y representa el tercer lugar en nivel de suicidios entre las distintas ocupaciones del país.
En Carolina del Norte, por ejemplo, casi una de cada tres (31 %) latinas empleadas en el campo “exhibe significativas señales de depresión”, tres veces más que el promedio nacional de mujeres hispanas. Y en California, el 24 % de los trabajadores agrícolas hispanos indicaron que su trabajo afectó seriamente su salud física y psicológica.
“Los agricultores no son personas a quienes les gusta depender de otros y por eso no siempre piden ayuda, incluso en circunstancias difíciles”, dijo Dalsted.
Aunque los trabajadores agrícolas necesitan una ayuda que además está disponible, la gran mayoría no la solicita. De hecho, según Dalsted, aunque 8 de cada 10 trabajadores agrícolas son latinos, solo 1 de cada 10 de esos trabajadores solicita ayuda.
“Trabajamos con una red internacional de granjeros y rancheros para entender la experiencia de los trabajadores agrícolas afectados por la automatización. No es la pandemia, sino el efecto económico de la pandemia lo que afecta a los trabajadores del campo”, agregó.
Una excepción es el caso de un joven agricultor hispano del condado Morgan, a unos 150 kilómetros al este de Denver. Por razones de privacidad, Dalsted no identificó al trabajador que, dijo, “se encontró este año sin trabajo, sin dinero y sin medios para mantener a su familia” y en ese escenario el suicidio surgió como posibilidad.
El joven se conectó con AgrAbility y se descubrió que lo único que necesitaba para rehacer su vida era un tractor, el que logró por medio de gestiones y subsidios.
“Ahora es totalmente independiente y ya no necesita ayuda social. Sigue trabajando en agricultura, que era nuestra meta”, señaló Dalsted.
Muchos otros, sin embargo, no logran recuperarse. Los altibajos del mercado y el impacto de la pandemia causan depresión y vergüenza, y exacerban la soledad y el abuso de sustancias, especialmente entre aquellos que, por las circunstancias actuales, debieron sacrificar gran parte de su ganado.
Esas circunstancias “desencadenan una cascada de efectos que pueden llevar a tendencias suicidas”, como dice en su material informativo el Proyecto AgrAbility.
El proyecto, explicó Fetsch, cuenta con un coordinador nacional de programas de alcance a comunidades históricamente en desventaja o “poblaciones especiales”, como trabajadores agrícolas latinos, afroamericanos o nativos.
El coordinador, Chuck Baldwin, de la Universidad Purdue, supervisa 20 proyectos estatales e interactúa con organizaciones enfocadas en esas comunidades, así como con los programas de extensión de varias universidades para fomentar la participación de trabajadores de minorías en las actividades de AgrAbility.
Aun así, la colaboración con los hispanos en cuanto a prevención del suicidio de trabajadores agrícolas latinos “ha sido muy limitada”.
“No hemos tenido éxito en lograr una relación de trabajo importante y significativa para contar con una sólida fuente de referencias que puedan proveer información, educación y servicios directos”, declaró Fetsch. Como consecuencia, durante los últimos cinco años solo en una ocasión se utilizó un traductor para ayudar a un agricultor hispanoparlante en Colorado.
Sin embargo, “estamos profundamente comprometidos en llegar a la comunidad (de trabajadores agrícolas hispanos) y establecer conexiones para servir mejor a esa población”, puntualizó Fetsch.
En 2020, la Administración de Servicios por Abuso de Sustancias y Salud Mental (SAMHSA) proveyó subsidios “de emergencia” por 400 millones de dólares a los estados para programas de consejería en inglés y español a trabajadores del campo. Pero Dalsted y Fetsch solo tienen un presupuesto anual de 180.000 dólares para hacer su trabajo. Y esa cifra no ha variado en 25 años.
“Siempre buscamos la manera de hacer más de lo que antes hacíamos, por ejemplo, cooperando con otras organizaciones. No queremos que el idioma sea una barrera. Pero cada día solo podemos hacer un poco de lo mucho que quisiéramos para ayudar al personal del campo”, señaló Dalsted. EFE News
