Lesly está en una silla de ruedas. No habla. No camina. No puede comer

sola. Desde que cumplió los 7 meses de edad empezó a convulsionar. Los

médicos que la han tratado creen que sufrió un derrame cerebral. Lesly ya

cumplió los 7 años y no ha mejorado. Pero su padre, Juan Alberto Matheu,

no se ha dado por vencido. La ha empujado y cargado miles de kilómetros

desde Honduras hasta Tijuana.

   “Todo el camino ha sido muy difícil”, me dijo el padre de 27 años de

edad en una entrevista. Cuando no la empujaba, subía a Lesly — con todo y

su silla de ruedas — a camiones de carga en un trayecto que duró casi dos

meses. “Mi temor era perderla a ella en remolques y que se me fuera a

caer”. Pero no la perdió porque Juan Alberto no ha dejado a Lesly sola ni

un segundo.

   “Yo tuve que salir de mi país por la salud de mi niña”, me contó. “En

Honduras hay mucha discriminación para una niña así que necesita cuidados

especiales. Yo tengo trabajo, pero me pagan muy poco”.

   Cuando Juan Alberto se enteró que una caravana de inmigrantes estaba

saliendo desde su país hasta Estados Unidos, inmediatamente se unió junto

con su hija. Era su única opción. Nunca hubiera podido ahorrar suficiente

para pagarle miles de dólares a un coyote. Y nadie hubiera querido llevar

a una niña con discapacidad.

   Lo más curioso de todo es que Juan Alberto no quería irse de Honduras.

“Nosotros salimos de nuestro país no porque queremos, sino por la pobreza

y la violencia en que vivimos”, me contó.

   Juan Alberto es un padre soltero. Y la devoción por su hija ha

conmovido a muchos a lo largo del trayecto. La limpia con toallas secas,

ya que los dos juntos no pueden entrar a los improvisados sanitarios de

los albergues, le da biberón, por que la comida sólida se le atora en la

garganta, y siempre le pone un pañal.

   ¿Qué pasó con su mamá? le pregunte. “Hace tres años nos separamos”, me

dijo. “Ella me la mandó a mí. Ya con el tiempo no se la quiso volver a

llevar. Dice que es mucha responsabilidad. Entonces, como yo soy el padre

de ella, cada día lucho con amor”.

   Su plan era pedir una visa humanitaria en Estados Unidos o solicitar

asilo político. Pero antes tenía que presentar la solicitud en territorio

estadounidense, algo casi imposible. El presidente Donald Trump ha

sellado la frontera con Tijuana, y sus agentes apenas procesan unas

decenas de solicitudes por día. Cientos esperaban antes que Juan Alberto

y su hija.

   Y entonces ocurrió lo increíble.

   Activistas y abogados presionaron a los agentes migratorios de Estados

Unidos en la frontera para que le dieron un tratamiento especial al caso

de Lesly. Así ella y su padre, quien la empujaba en su carriola, pudieron

cruzar los pocos metros que les faltaban para entrar a Estados Unidos.

   “Es una historia de amor que ni en las películas van a ver”, dijo Mark

Lane por televisión. El dirige la organización no lucrativa que apoyó a

Juan Alberto y a su hija desde un principio. Pero no es el único. Una

familia de San Diego les ha dado un lugar dónde vivir y una firma de

abogados de Los Angeles ha tomado su caso sin cobrar.

   Todo esto ocurre mientras Trump le está pidiendo 5 mil millones de

dólares al congreso para construir más muros. Dice que si no se lo dan,

va a cerrar el gobierno. Trump se ha inventado una “invasión” y una

emergencia nacional en la frontera. Además, no entiende que los muros

nunca han podido detener productos, ideas, emociones y gente, como Juan

Alberto y Lesly. Yo quisiera en mi país a un padre que pelea así por su

hija.

   Sí, esta es una historia de amor en la frontera. Pero también es un

gran ejemplo de cómo la gente, sin puestos políticos, puede cambiar

vidas. Muchos mexicanos anónimos ayudaron a Juan Alberto y a Lesly en el

camino. “Aquí hay muchas personas buenas”, me dijo. Y en Estados Unidos

se ha armado rápidamente una red de ayuda, económica y legal, para padre

e hija.

   Juan Alberto tiene un grillete en su tobillo. No se lo quitarán hasta

que vaya a corte. Pero por fin llegó a dónde quería. “Mi niña es

hermosa”, me dijo antes de despedirse. “Es como un angelito, llena de

amor”.

   Posdata: Aquí pueden ver el video de la entrevista con Lesly y Juan

Alberto: bit.ly/2En9Low.

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