Mónica De Harodom / Yahoo Noticias en Español

Penes pequeños y genitales que se están “deformando” por la contaminación. Seguro que has oído hablar de esto en las últimas semanas, la noticia corrió como la pólvora y todos nos llevamos las manos a la cabeza. ¿Exageración? Para nada, solo es la punta del iceberg. 

Lo de los micropenes es real pero este sería solo uno de los problemas derivados de los altos niveles de contaminación. Los científicos aseguran que algunos plásticos son culpables de que el tamaño del miembro masculino se reduzca y de que, además, nazcan más niños con defectos en los genitales. También está haciendo que aumenten los índices de disfunción eréctil, ocasionando una bajada de la fertilidad. 

De hecho, la fertilidad tanto de hombres como de mujeres también se ha visto reducida por los altos niveles de contaminación, y la media de espermatozoides se ha reducido a más de la mitad en los últimos 40 años. Esta rápida disminución de la tasa de fertilidad provocará que la mayoría de los hombres no puedan producir espermatozoides viables para 2045

El culpable principal de todo esto es el plástico. Más en concreto, los ftalatos, un químico de uso industrial para hacer que los plásticos sean más flexibles, y que se están transmitiendo a los juguetes, alimentos y bebidas, dañando de esta forma el desarrollo humano. Son un tipo particular de contaminantes hormonales, también llamados disruptores endocrinos o EDCs (Endocrine Disruptor Chemicals) que se utilizan para dar características especiales a los plásticos, como suavidad y flexibilidad.

En cuanto a la población general, la exposición a estos compuestos sintéticos (hay unos 100) se da principalmente a través de la ingestión de residuos y plastificante en alimentos, agua o por inhalación de aire contaminado con ftalatos. Exposiciones especiales pueden ocurrir también a través de algunos procedimientos médicos (transfusiones y hemodiálisis).

La dieta se considera una vía de exposición importante para estos compuestos. Sin embargo, las partículas minúsculas del plástico están presentes en otros productos cotidianos y esto hace que estemos en permanente contacto en ellas, incluso es posible que sean inhaladas ya que se encuentran en muchos de los productos que aplicamos en la piel.

Los ftalatos son casi imposibles de evitar. En los alimentos, por ejemplo, incluso la leche envasada en vidrio puede haber pasado a través de tubos de plástico durante el proceso de pasteurización y envasado. Por otro lado, se sabe que los productos animales son una fuente potencial de ftalatos provenientes del procesamiento y envasado. Algo que también ocurre con muchos vegetales embolsados. 

Además, las últimas revisiones de estudios han encontrado datos sorprendentes como que salir a cenar o comer en el comedor escolar nos expone aún más a estos tóxicos, igual que tomar una vez a la semana comida rápida. En el caso de los adolescentes habría hasta un 55 por ciento más de exposición a los ftalatos en comparación con comer en casa. Esto podría estar detrás del aumento de casos de trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH ) y problemas de conducta relacionados. También se ha asociado con un aumento de la circunferencia de la cintura, un indicador de obesidad en niños y adolescentes.

En los últimos años, los investigadores han relacionado los ftalatos con el asma, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el cáncer de mama, la obesidad y la diabetes tipo II, un coeficiente intelectual bajo, problemas de desarrollo neurológico, problemas de comportamiento, trastornos del espectro autista, desarrollo reproductivo alterado y problemas de fertilidad masculina.

Sin embargo, hay que señalar que las tendencias del mercado en el uso de ftalatos están cambiando como resultado de la legislación reciente. En Europa tenemos límites legales a la cantidad de ftalatos que pueden migrar del envase a la comida, aunque teniendo en cuenta que se trata de contaminantes hormonales, para los que ninguna cantidad es segura (no hay umbral de seguridad), la mejor solución está en eliminar estos tóxicos de nuestro entorno.

En tu mano está contribuir al cambio. Hay muchas cosas que puedes hacer: una compra más sostenible, no adquirir alimentos envasados en plástico, no comprar juguetes fabricados con plásticos ni utilizar fiambreras de plástico para recalentar la comida, no aplicar en tu piel maquillaje y cosméticos que incluyan estas sustancias, etc. Si todos aportamos nuestro granito de arena el efecto del plástico en el planeta y en nuestra salud se irá reduciendo

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